Qué es el yoga miofascial (y por qué está cambiando la forma de practicar yoga)
Hay algo que está cambiando en la forma en la que muchas personas se acercan al yoga.
Durante años, la práctica ha estado muy asociada a estirar, a “llegar más lejos” en las posturas o incluso a una especie de yoga más físico, más exigente desde fuera. Pero cada vez más personas empiezan a notar algo: practican, sí… pero las tensiones siguen ahí.
Y es justo en ese punto donde empiezan a aparecer otros enfoques.
Uno de ellos es el trabajo miofascial aplicado al yoga. Una manera diferente de entender el cuerpo, el movimiento y la práctica.
Para entender mejor qué hay detrás de este enfoque, hablamos con Paula Petricca, profesora de yoga y creadora del método Connective Flow, formado en parte a partir de su aprendizaje con Dylan Werner.
El momento en el que todo cambia
Paula no llegó al trabajo miofascial de forma planificada.
Hasta ese momento, su visión de la fascia era bastante común: algo asociado a estiramientos, al yin yoga, a un trabajo más pasivo.
Pero todo cambió en su primer contacto con Dylan Werner.
Llegué al training y en la primera clase fue como… ¿pero aquí qué está pasando? La sensación era completamente distinta a todo lo que había probado antes. No era solo moverte o colocarte en una postura, era sentir cómo el cuerpo trabajaba en conjunto.
Lo que describe no es tanto una técnica, sino una sensación: continuidad, conexión, una fuerza que no nace de un punto concreto, sino que se distribuye por todo el cuerpo.
Ahí entendí que había algo mucho más profundo. Que la fascia no era solo para relajar o estirar, sino que tenía un papel clave en cómo nos movemos.
Ese fue el punto de inflexión.
Qué es realmente el yoga miofascial
Hablar de fascia puede sonar técnico, pero en realidad es algo muy sencillo de entender cuando se lleva al cuerpo.
La fascia es el tejido que conecta todo. No funciona por partes, sino como una red.
Y cuando empiezas a trabajar desde ahí, el cuerpo cambia.
Cuando alguien conecta con este trabajo, su práctica cambia por completo. El esfuerzo deja de estar en una zona concreta y empieza a repartirse por todo el cuerpo.
Eso se traduce en algo muy concreto:
- Más ligereza
- Más sensación de espacio
- Menos rigidez
- Más coherencia en el movimiento
No porque sea “más fácil”, sino porque el cuerpo está mejor organizado.
Cosas que antes requerían muchísimo esfuerzo empiezan a sentirse más accesibles. No porque lo sean, sino porque el cuerpo está trabajando mejor.
¿Por qué sigo teniendo tensiones aunque practique yoga?
Es una de las preguntas más comunes.
Y la respuesta, según Paula, tiene mucho que ver con la preparación del cuerpo.
Muchas veces el problema es que el cuerpo no está realmente preparado para lo que le estás pidiendo.
Sin ese trabajo previo, el cuerpo se siente rígido, con poca capacidad de deslizamiento.
La fascia necesita ese glide, ese deslizamiento. Necesita estar hidratada, elástica, disponible. Si no, el cuerpo se sigue defendiendo.
Y ahí aparece esa sensación que muchas personas conocen bien: practicar, pero no avanzar.
Con los años no me he vuelto más rígida, al revés. Me siento más fuerte, más flexible y entro más profundo en el cuerpo. No porque fuerce más, sino porque el trabajo ha cambiado.
Un enfoque diferente de la práctica
El método de Paula, Connective Flow, parte de una idea muy clara: el cuerpo necesita prepararse antes de moverse con intensidad.
Para mí la clase empieza antes incluso de hacer yoga. Empieza en cómo preparas el cuerpo.
En sus clases, los primeros minutos no son un simple calentamiento, sino una parte esencial de la práctica.
Si luego vas a pedirle intensidad o rangos amplios, el cuerpo tiene que estar listo. Si no, aparecen tensiones o compensaciones.
Aquí no se trabaja solo desde estirar o sostener, sino desde integrar movilidad, fuerza y flexibilidad al mismo tiempo.
Yo no busco que encajes en una forma. Busco que el movimiento tenga sentido para tu cuerpo.
Más que una práctica física
Aunque desde fuera pueda parecer una práctica exigente, lo que ocurre va mucho más allá del cuerpo.
Es una intensidad que te obliga a estar presente. No puedes desconectarte.
Y ahí es donde aparece algo muy interesante: una especie de meditación en movimiento.
Cuando la atención está completamente en lo que haces, la mente se calma de forma natural.
No es para todo el mundo (y está bien)
Paula lo tiene claro: no todas las prácticas son para todas las personas.
Mi manera de trabajar no es cómoda, sobre todo al principio.
Es una práctica exigente, donde no puedes ir en automático.
Es para personas dispuestas a retarse. A implicarse de verdad en lo que están haciendo.
Para quienes quieren ir más allá en su práctica
Para quienes sienten que este enfoque resuena y quieren profundizar más, Paula también ofrece una formación intensiva donde comparte en detalle su método.
👉 Descubrir la formación Connective Myofascial Flow
Lo que más sorprende al probarlo por primera vez
Esto es muy diferente.
Incluso personas con años de práctica sienten que salen completamente de lo conocido.
No puedes desconectarte. Tienes que estar presente todo el tiempo.
La clase se pasa volando.
Cuando estás realmente presente, la percepción del tiempo cambia.
Experimentarlo es otra cosa
Hay cosas que se pueden explicar. Y otras que solo se entienden cuando se sienten.
Por eso, si quieres experimentarlo en profundidad:
👉 Descubre el retiro de yoga en la Provenza
Un espacio para practicar, descansar y conectar desde un lugar diferente.


